• Ingrid Usuga

Volver a nosotros mismos: La llegada, de Denis Villeneuve

Volver a nosotros mismos


“La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla”

-Gabriel García Márquez


¿Cambiarías algo en tu vida si pudieras verla desde el principio hasta el final? La memoria es una cosa extraña; en el amor, olvidamos –a veces- cuándo fuimos heridos, cuándo herimos, solo hay espacio para lo que realmente nos toca el alma, ya sea la ira, el apego; buscamos entender los sucesos y los infinitos porqués. En La llegada (Arrival, 2016) nos hacen un paralelo entre la ciencia y la comunicación; la ciencia no es suficiente a la hora de explicar el amor, por eso muchos científicos han intentado descubrir si tiene alguna fórmula. ¿Por qué nos sentimos atraídos hacia alguien? pero la pregunta nunca se resuelve, es un tema más allá de cualquier escrito o suposición.

Como muchos casos en nuestras vidas, lo desconocido nos produce temor y rechazo. Nos dejamos llevar por las apariencias de los seres ajenos a nosotros, y como consecuencia los juzgamos. No nos tomamos ni siquiera un tiempo para cuestionarnos. Los seres humanos creemos que todo debe resolverse con violencia, mostrándonos superiores, dominantes y fuertes. Pero nos equivocamos, la verdadera fuerza es cuando tenemos el coraje de meternos en los zapatos del otro para poder vivirlo en carne propia. La clave de la comunicación está en darse a conocer, en esperar, en ser paciente; hay que dejarse ver por dentro para que el otro pueda abrirse.



La llegada es una película en la que varias naves extraterrestres se ubican en puntos estratégicos de la tierra. La nueva meta de cada país donde arribó es enviar a su mejor equipo científico para que pueda descifrar cuáles son las intenciones de estos extraños.

Amy Adams interpreta a Louise, una lingüista experta y reconocida en Estados Unidos, y por eso es contratada por el gobierno para que ayude a descifrar lo que los alienígenas quieren transmitirle a la humanidad. Ella descubre que el lenguaje de estos seres no es lineal como el nuestro, por lo tanto su mente tampoco trabaja de manera cronológica. Su escritura es semasiográfica: quiere decir que concibe significado, pero no representa un sonido. Nuestra habla tiene tiempo, el holograma de ellos no.

Louise al entenderlos, empieza a sentir ese idioma, a pensar en desorden. Imágenes del “pasado” que no había vivido se hacen reales en su ahora; nada comprende hasta que descubre que todo esto que estaba viviendo era una “prueba” de aceptación o rechazo personal. Ella ahora sabía cómo iba a terminar su vida… ¿Aceptaría enamorarse del único hombre del que ya se había enamorado? ¿Aceptaría volver a vivir lo que ya había sentido? Este es el regalo de este lenguaje hacia ella: Aceptarse.

Aunque no soy amante de la ciencia ficción, La llegada me cautivó porque más allá de ser una película de extraterrestres, invita a una reflexión sobre quiénes somos y qué hay dentro del infinito universo que somos cada uno de nosotros.


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Publicado en la versión web de la revista Kinetoscopio “Especial premios Oscar” (2017)

Disponible online en:

http://www.kinetoscopio.com/index.php?option=com_content&view=article&id=377:la-llegada-&catid=4:en-primer-plano

©Centro Colombo Americano de Medellín, 2017

©Ingrid Úsuga

Crítica de cine y nadadora artística profesional

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