• Ingrid Usuga

Amici Eterni: Luca, de Enrico Casarosa.

Amici Eterni

Algunos tienen la fortuna de encontrar a alguien que nació para ser parte de su historia. Una compañía irreemplazable, un cariño eterno. Algunos viven un presente que se convierte en un futuro en el que existe la huella de esa persona y de esos aprendizajes. Así sucedió con el protagonista de Luca (2021), una película animada de Pixar ambientada a la época de la posguerra a mediados de los años cincuenta en la Rivera italiana. Su protagonista Luca Paguro, es un niño monstruo submarino que se transforma en humano al salir a la superficie, después de secarse cualquier rastro de agua de su cuerpo. Él encuentra un nuevo amigo algo mayor que él (que también es un monstruo submarino), Alberto Scorfano, que lo convence de explorar la tierra, viviendo cosas que lo conmueven y lo inspiran a querer explorar un mundo completamente distinto al que conocía.

“Yo era un niño muy tímido y un verano, cuando conocí a Alberto, mi mejor amigo, él me empujó fuera de mi zona de confort. Hoy soy dibujante gracias a él. Y de eso habla la película, de cómo las amistades que hemos tenido nos ayudan a construir nuestra identidad”, afirmó el realizador italiano Enrico Casarosa, el director de la película, quien afirma que esta película se inspiró en su infancia, en la que estaba incluido su amigo Alberto.

¿Cuántos amigos se convierten en maestros de vida? ¿cuántas amistades dejan un legado de por vida? “El Alberto real estuvo ayer aquí en la presentación y empezamos a recordar nuestras aventuras, como cuando escalamos al faro y saltamos desde las rocas… Y nos dimos cuenta de cuánto habían cambiado algunas cosas, y que aquella roca desde la que saltábamos había desaparecido, y bueno la película tiene mucho de aquellos veranos que pasamos juntos, es casi como si los hubiéramos reunido todos en uno solo”, mencionaba en una entrevista.


Si la animación y la caracterización de los personajes se les antoja familiar, es que recuerdan a los del estudio Ghibli bajo el mando del maestro Hayao Miyazaki: hay mucho de su misterio, su embrujo y su ternura en Luca, sobre todo de Ponyo y el secreto de la sirenita (Gake no ue no Ponyo, 2008), con el que comparte el ambiente submarino y la transformación mágica de los personajes. Ese influjo de Miyazaki beneficia mucho a la película, sin que pierda la identidad característica de Pixar.

Pelear por un ideal, a veces significa traicionar costumbres antiguas, hábitos con los que creciste y creencias a las que estuviste aferrado. Quizá esta película sea una metáfora relacionada con el anhelo a “crecer” y lo que conlleva consigo: los riesgos, las aventuras, los golpes y el aceptarse diferente a los demás. Luca estuvo representado con el paralelo que hacían cuando soñaba, en la película no había un narrador o una voz en off que nos contara esos deseos por encontrar algo mágico. Todo el tiempo vivimos el plano real y el plano onírico con él, ese que nos va dando pistas de quién es Luca, de su alma pura.


El vínculo de Luca y Alberto fue la prueba de que la medida exacta para una amistad verdadera es la honestidad, las risas, el amor y paciencia por el otro. De esperarlo, de entender sus tiempos, pero también, la existencia tener la valentía de empujar al otro, de impulsarlo y motivarlo si parece estar estancado en el miedo. Fue un constante: darse la mano para ayudarse a salir de terrenos llenos de arenas movedizas.


Les comparto el tráiler:


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©Ingrid Úsuga

Crítica de cine y nadadora artística profesional



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