• Ingrid Usuga

Vínculos metafísicos: Mi maestro el pulpo, de Pippa Ehrlich y James Reed.

Vínculos metafísicos



“Lo que ella me enseñó fue a sentirme parte de este lugar, no como un visitante... Eso es una diferencia enorme”.

-Craig Foster

¿Cómo nos conectamos a otro ser? Y en este caso, ¿cómo nos conectamos en un espacio submarino que parece casi que extraterrestre? Ver Mi maestro el pulpo (My Octopus Teacher, 2020) me recordó mucho a la película de ciencia ficción La llegada (Arrival, 2016), donde los extraterrestres eran octópodos gigantescos, que se movían y expulsaban sustancias como los pulpos. En esa película de Denis Villeneuve hubo una conexión sublime de la protagonista con ellos; muy delicada pero poderosa, como si se hubiera creado un vínculo humano-octópodo, pero en otra dimensión, casi que en un estado mental atemporal.


En Mi maestro el pulpo, documental codirigido por Pippa Ehrlich y James Reed, sucede una unión similar: la de un humano con un pulpo hembra. El realizador audiovisual Craig Foster, sufre de depresión, lo que lo obliga a alejarse de su trabajo, de su amor por las cámaras y hasta de su familia. Estaba ahogado. Ahora está viviendo cerca del océano atlántico frente a la costa oeste de Sudáfrica.

Todo comienza un día cuando decide distanciarse de la seguridad de la playa para adentrarse en el mar, aunque tuviera que enfrentarse a un oleaje fuerte, a piedras y a ir a contracorriente. Después de superar esto, encuentra un lugar que le brinda paz y tranquilidad. Atrapado por la curiosidad de explorar la inmensidad de este universo submarino, empieza a repetir su visita constantemente.


¿Qué podría encontrar un humano “invadiendo” un mundo que no le pertenece? ¿Cómo podría relacionarse con él? ¿Qué es ese “algo” que lo mantendría conmovido, en paz y lleno de amor? Recuperar ese amor por él, significaba superar y alejar pensamientos que solo estaban en la costa. Una pulpita captó todo el interés de Foster: ¿cómo se iba a enrollar en un montón de caracoles? Ese encuentro creó un cambio vital en su vida. Ese ser es quien comienza a llenar a este humano de preguntas que quiere resolver, hasta en los sueños. Esa relación entre ellos se fue fortaleciendo. Foster la cultiva, pacientemente, quiere su confianza, su entrega -quiere quizá ser capaz de abrirse de nuevo a “alguien” después de que su vida casi se derrumba-.

“Pero lo extraño es que, cuanto más te acercas a ellos, te das cuenta de lo similares que son a nosotros en muchos sentidos” dice Fóster… Ella se abre a él, él a ella… era como una relación de amistad, pero en algún punto sentimos que es más que eso, quizá es amor, como dos amantes que entienden la complejidad de sus opuestos mundos, pero, a pesar de esto, la complicidad y deseo por estar con el otro es indestructible. ¿Cómo es que ese ser acuático recordaba a Foster? ¿cómo era capaz de poner sus tentáculos a disposición de él, abrazarlo y nadar con él? Los pulpos son animales que viven en soledad. Y ahora, “dos soledades” de diferentes mundos se unían conectándose para salvar al otro.

Es sorprendente, no sólo este vínculo, sino técnicamente cómo la película tiene absolutamente todas las tomas cronológicas descritas y mostradas a la perfección por la voz de Foster, combinada por una música a manos de Kevin Smuts, quien creó una pieza musical para cada vivencia diferente de la pulpita. Esto demuestra una exhaustiva búsqueda por no dejar perder ningún detalle. Es una obsesión. La sensibilidad de este documental no sería tan fuerte si él no se hubiera sentido apegado absolutamente a ella, casi que de una manera sobrenatural e imposible. El protagonista está viviendo una catarsis emocional que transforma en un arte narrativo.


Capturar la existencia de la pulpita (a la que nunca le pusieron un nombre) causaría su perduración en el tiempo, ya no por 12 o 18 meses que es la vida de un pulpo, sino por una eternidad y consigo la sensación de perdón y plenitud de Foster. Esos encuentros inesperados, privados y amorosos, son quizá la puerta de entrada a vivir el mundo real (que es difícil), de una manera más amable. Es ese descubrimiento del amor propio y mutuo a través de otro ser, ese que nos abre el alma por dentro y nos saca toda la luz interior.


Les comparto el tráiler:


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©Ingrid Úsuga

Crítica de cine y nadadora artística profesional


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