• Ingrid Usuga

Poder que enceguece: Selah y las espadas, de Tayarisha Poe


Poder que enceguece

“Todas las historias son inherentemente multisensoriales y multidimensionales y deberían ser contadas de esa forma”.

- Tayarisha Poe

Lo que empezó como un proyecto multimedial llamado “La obertura”, terminó siendo el primer largometraje de la directora afroamericana Tayarisha Poe, Selah y las espadas (Selah and the Spades, 2019), que debutó en el Festival de cine de Sundance. Adornado con un diseño de producción elaboradísimo y casi surreal, esta historia nos lleva a un colegio ficticio de internado de clase alta, el Haldwell, ubicado cerca de Pensilvania.

En esa “burbuja” elitista hay cinco facciones de estudiantes: las espadas, los mares, los ítems (the Skins), los Bobbies y los prefectos; cada uno dedicado a actividades entre prohibidas e ilegales: organizar fiestas sin autorización, hacer trampa en las tareas y exámenes, mantener engañados a los profesores, y suministrar drogas y alcohol a los estudiantes. Esta última misión es la de “Las espadas”, lideradas por Selah, una joven de 17 años que, además, es la líder de las porristas del colegio. Selah (interpretada por Lovie Simone) es una antiheroína, pues lo suyo es un negocio manejado con todas las características de una organización mafiosa, empezando por una “ley del silencio” que opera en todas las facciones.

“Sabes, no tienes que ser perfecta. Al menos no siempre”, le dice Paloma (bellísima Celeste O'connor) a Selah. Paloma es ahora “la nueva adquisición” de su facción y a quien Selah ve como su potente sucesora después de su graduación (pareciera haber entre ellas una leve e inocente atracción). El personaje de Selah está lleno de inteligencia y persuasión, pero no es exactamente una adolescente seductora (ya que la directora decidió convertir a Selah en célibe por elección, para evitar el espinoso tema del sexo entre menores de edad). Selah pareciera estar ahogándose en su alienación por la perfección, pareciera no ver más allá de lo que significa estar en el punto máximo de una organización (su propia dinastía). Nada importa más que eso, ya que, además, su egocentrismo es desbordante. Un estereotipo muy ligado a la mayoría de los líderes, ¿no?

Un líder debe hacer lo correcto en el momento correcto, si no es así, ¿cómo va a

generar credibilidad? Este parecía ser el lema interno constante de Selah, por eso era tan dura al tomar decisiones, en las que sabe que el miedo no puede existir; pero como todo ser humano, detrás de esa dureza “indestructible” existe una adolescente triste -y hasta un poco perdida-, que, a pesar de siempre verse dueña de sí, en las únicas dos escenas en las que aparece su madre, toda esa seguridad parece fracturarse: lo que vemos es a una chica sin mayor poder, cara a cara con una madre que es la que pone las condiciones. Esa es la realidad, lo demás es la ficción en la que Selah ha “engañado” a todos. Como un dato curioso, desde su nombre ya había una clara intención: la palabra hebrea "Selah" se traduce como "detente y escucha". Además, el punto de vista de la película es el de los estudiantes. Ellos se ven a sí mismos como Tayarisha Poe nos los muestra. Puede que para los adultos ellos sean unos chicos jugando a ser pillos, pero desde su perspectiva ellos se ven y se perciben poderosos y peligrosos. Así de sublimada es la puesta en escena.

Esta película exhibe nuevos estilos y estéticas de hacer cine, con un lenguaje propio, en el que el diseño de sonido ofrece un universo auténtico, que nos entra y nos saca de las escenas, como si más allá de ser música, fuera una voz en off, que también habla para reforzar las voces y a su vez las emociones de los personajes, es como si nos estuvieran hablando desde los pensamientos de ellos. Sumado a esta cualidad, respecto a la imagen, los encuadres son simétricos; el estatismo y la paleta de colores remite al cine de Wes Anderson, pero con un giro malvado.

Tayarisha Poe ha dicho en varias entrevistas que le fascina el drama y este filme tiene ecos de Shakespeare y de las películas de gánsteres: Selah debe “lidiar” con soplones que tienen que ser “castigados”: traidores que ameritan una lección y una atmósfera frágil donde su “negocio” está a punto de ser descubierto. ¿Suena extraño para un filme de adolescentes, ¿verdad? lo es. Estamos en un “pequeño” universo, en el que ya se ve cómo la sociedad va marchitando y empañando almas jóvenes antes de partir hacia el mundo adulto, ese que es aún más duro, ese en el que ya no existen “notas” que recomponer para pasar un nivel, ese en el que ya no es una pelea de coreografías de porristas, ese que ya no es ni siquiera una pelea entre amigos borrachos y drogados luego de una fiesta de graduación, no. Ahora, ¿a dónde irán todos esos caprichos y vicios adolescentes? Esta es la “genuina” semilla nutricia de esta sociedad mórbida, nuestra sociedad.


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©Ingrid Úsuga


Crítica de cine y nadadora artística profesional

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