• Ingrid Usuga

Mi nana siempre está: Roma, de Alfonso Cuarón.

Mi nana siempre está


Entre lo que es el cine que busca que sea perfecto y entretenga a todas las personas, y el que busca mostrar solo la verdad indiferentemente de si hay armonía o no, este último es característico de Roma (2018). Es una historia real, que puede causar revolución por los mensajes que transmite y por la realidad escondida que muestra, pero que viene desde lo más profundo de alguien que alguna vez la vivió con su “nana” y que se atrevió a contarlo y que, así como Cuarón, muchos niños lo vivieron y todavía lo viven. Es una realidad que no cambia pero que se va transformando a través de los años. La joven actriz Yaritza Aparicio, que interpretó a “Cleo”, es la primera mujer indígena en ser nominada a un Oscar.

Una empleada doméstica se convierte casi que en una madre sustituta. Como lo pudimos ver en Roma, Cleo era la amiga, la mamá y el ejemplo a seguir. Estas mujeres se convierten en el apoyo de muchos niños y quienes muchas veces son las responsables de la transmisión de costumbres y aprendizajes (acompañados claro está por el tipo de educación de las escuelas). En Colombia existen aún muchas jovencitas empleadas que, por dinero para sobrevivir, buscan este tipo de empleo.

Debido a las condiciones de necesidad, estas mujeres se enfrentan constantemente al racismo, clasismo, machismo y discriminación. En Colombia, pecamos aún -como muchos países latinoamericanos- por apoyar la segregación de las comunidades alejadas de la ciudad, porque seguimos considerándolos inferiores, débiles y diferentes. Y entre nosotros mismos nos discriminamos también. Debemos estudiar nuestra historia, para no repetirla y para no lastimarnos.

Yo, tuve varias chicas que me cuidaron en la infancia cuando mis padres no estaban. Yo, en especial, tuve una que era parecida a Cleo, “Patricia”, a quien veía como un ser infinito, fuerte, capaz y que no creía que tenía algún problema por ser tan especial. Es verdad, ellas se convierten en nuestras súper heroínas, que nos hacen la comida, nos lavan la ropa, nos hacen reír, nos hacen dormir y hasta nos escuchan cuando regresamos tristes del colegio por cualquier situación insignificante que nos pudo causar inconformidad.


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Roma

©Ingrid Úsuga

Crítica de cine y nadadora artística profesional

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