• Ingrid Usuga

La cita de los jueves: Invisibles, de Gracia Querejeta.

La cita de los jueves

“Hay que guardarse bien de un agua silenciosa, de un perro silencioso y de un enemigo silencioso”

-Proverbio chino

Elsa (Emma Suárez), Julia (Adriana Ozores) y Amelia (Nathalie Poza) son tres amigas que cada jueves en la mañana se reúnen en un parque para caminar y conversar sobre lo que cada una experimenta y vive. Están en sus “cincuenta” y ya se sienten “invisibles” a los ojos de los hombres y de las oportunidades laborales, como si ya su momento hubiera pasado y deban resignarse a empezar una vejez a la que rabiosamente se resisten. “Bienvenida al mundo de las invisibles: ya no te miran, ya no te desean, ya no eres una opción…” les dice Julia en uno de sus encuentros.

El hecho de ser españolas las hace francas y “sin pelos en la lengua”: o sea, que lo que tienen que decir lo dicen sin rodeo alguno y sin temor a ofender a las otras. En Latinoamérica ser tan directa puede ser malinterpretado, pero allá esa franqueza es la moneda común, además, refleja el sincero aprecio que se tienen entre sí, pese a lo diferentes que son. ¿De dónde resultaron amigas siendo tan disímiles? ¿Acaso desde el colegio? Cada una tiene una historia de vida diferente, cada una tiene fortalezas y flaquezas, cada una tiene ambigüedades y falta de certezas. No por ser mujeres, por ser humanas.

La directora Gracia Querejeta no tiene preferidas: todas tres tienen días de sol y días de sombra. La que parece más segura por dentro es un mar de errores, la que parece insensible se está desmoronando por dentro, la indecisa es capaz de afrontar con decisión lo que le duele. Cada una revela lentamente lo que le duela, lo que le pesa, lo que no es capaz de asumir por sí sola. Ahí están las otras para criticarla, para confrontarla, para hacerla reaccionar.

Sorprendentemente, toda la película se sostiene solo con sus recurrentes encuentros y con una locación: un parque. Es suficiente lo que ellas se cuentan entre sí, para que el espectador sea capaz de imaginarse el resto de los sucesos, es una historia creada entre la audiencia y los personajes -tan recargados de personalidades explosivas, atractivas y a su vez, simpáticas-. La interacción entre las tres, crea la capacidad de hacer protagonista repentinamente a cualquiera de ellas.

Invisibles (2020) tiene una atmosfera llena de tragicomedias, es una historia muy auténtica, pero sobre todo muy honesta. Eso hace que los momentos graciosos y luego los trágicos aparezcan de una manera natural, porque es como si no fuera un filme ceñido a un guion, sino a la espontaneidad dada por sus vivencias. Es un filme para sentarse a verlo y disfrutarlo, dejarse sorprender y divertir por estas mujeres, pero, es, realmente, para abrirse con amor hacia ellas, hacia sus disgustos y sus preguntas. Nosotros nos convertimos en sus confidentes, llegamos al punto de querer opinar, de querer apoyar o regañar, pero de querer estar cerca. No para todos y todas será la misma experiencia, siento que cada uno puede identificarse desde su propia edad, sea lejana o cercana a la de ellas, sea porque vive algo parecido, o simplemente porque ha experimentado muchos de los mismos fragmentos de sus vidas en una, en la propia.

Así que, sus continuas discusiones, es su manera única de unión, son la confrontación necesaria. Es como si las tres formaran una sola: un complemento de amistad perfecto.

Ellas, temerosas a estar solas, a envejecer, a no sentirse lindas ya, encuentran ese apoyo, que las fortalece entre sí, es ese intentar negar una realidad inevitable, una resignación ya apropiada pero no admitida, unas arrugas que ya se ven, que no se borran, y un auto cuestionamiento que es ya inherente; pero cuando te sientes acompañada en este proceso se siente menos, ¿no?


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©Ingrid Úsuga

Crítica de cine y nadadora artística profesional

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