• Ingrid Usuga

La agonía del placer: La Casa de Jack, de Lars Von Trier.

La agonía del placer


"Algunos dicen, que las atrocidades que cometemos en la ficción, son deseos ocultos que no llevamos a cabo en una civilización controlada. Por eso, los expresamos mediante el arte".

-Jack


La casa de Jack (The House That Jack Built, 2018), es una película llena de terror físico y psicológico, escrita y dirigida por el polémico danés Lars Von Trier, con Matt Dillon como protagonista, quien logra una increíble personificación del personaje de Jack, un asesino en serie, que elige contar cinco de sus asesinatos al azar ocurridos durante doce años entre la década de 1970 y 1980 en Estados Unidos. Jack es un sicópata y, por ende, un narcisista, orgulloso, egoísta, egocéntrico, neurótico, antisocial, que se esfuerza por parecer una persona “normal” y empática. Aquí vemos el impacto que en el espectador puede causar un personaje extremo.


“¿Por qué siempre es culpa del hombre? Es como si fueras un presunto culpable deambulando. Si uno tiene la mala suerte de haber nacido varón. También nace culpable. Piensa en lo injusto que es. Las mujeres siempre son víctimas, ¿cierto? Y los hombres siempre son victimarios”, dice Jack en off. Entonces, Jack demuestra que su fortaleza es excitante porque se potencia al tener una figura vulnerable a su lado, inferior, que es “cooperativa” con su propia muerte y quien emocionalmente, demuestra más su dolor, por ello, -según Jack- elegía mujeres con estas características. Su estrategia, es mostrarse inteligentemente confiable, empático y estúpido, escondiendo su carencia de sentimientos hacia sus víctimas. Es una especie de seducción en la que “caen” sus víctimas, que se dejan cautivar y convencer. Claramente, desde esta etapa, Jack reconoce ese poder que lo va poniendo por encima de su próxima víctima desde el inicio, lo que lo convierte en algo cada vez más placentero. Me pregunto yo si la película podría tener el mismo impacto si fuera una mujer la asesina en serie.


“Dios creó al tigre y al cordero. El cordero representa inocencia y el tigre, el salvajismo. Ambos perfectos y necesarios. El tigre vive de sangre y de muerte, asesina al cordero. Y esa es la naturaleza del artista”, prosigue Jack en su discurso. Pero, realmente lo que vemos en pantalla, ¿es el reflejo de un “cine deshumanizado” o quizá es un “cine honesto socialmente” que habla a través de metáforas?, ¿realmente existe alguna diferencia entre el animal (el tigre) que despedaza y come a su presa, con el “Homo Sapiens” (humano) que atropella físicamente, que viola, que irrespeta a otros (humanos y animales) de los que “está por encima, social y económicamente”?. Creo que no está muy lejos esta similitud, en donde quien tortura obtiene placer para sí y en el que la imagen de superioridad causa miedo o genera poder según el punto de vista desde donde se mire. La sociedad simplemente los evade: ha optado por no pensar o no enfrentarse a estas figuras de poder y eso incluye a los asesinos en serie.


Esta película podrá ser vista por quienes sean capaces de soportar su violencia, que es mostrada sin pudor, sin remordimiento a través de una cámara honesta, en constante movimiento y que, a su vez, se complementa con un delicado trabajo artístico, no solo desde la perfección en el asesinato mismo, sino a través de cómo el director eligió mostrar cada detalle, con su respectiva explicación artística. Al final, su casa, “La Casa de Jack”, es la que va a darle la libertad a él de reconocer su propio infierno.


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©Ingrid Úsuga

Crítica de cine y nadadora artística profesional

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