• Ingrid Usuga

La agonía de sentir: Matthias & Maxime, de Xavier Dolan.

La agonía de sentir

Se llaman “manchas en vino de Oporto” y son una especie de lunar o mancha congénita de color vino tinto y que aparece desde el nacimiento en cualquier región de la piel. Maxime –Max- tiene una en el rostro, que empieza en el ángulo externo del ojo derecho y se extiende hacia abajo, sobre la mejilla, y parece el rastro de unas lágrimas de sangre, tras un llanto largamente producido por este joven hombre, un llanto de muchos años, generado por su familia disfuncional, por su soledad, por la extrañeza que esa misma mancha genera entre quienes lo ven, por las dudas que él mismo tiene sobre sí mismo.

Max (interpretado por el propio director Xavier Dolan) forma parte de un grupo de amigos –menores de 30 años- compañeros de colegio, que han seguido esa amistad pese a que han tenido caminos profesionales muy diferentes y niveles sociales muy contrastantes. Max es quizá el menos afortunado en estos aspectos. Uno de esos compañeros es Matthias –Matt- un abogado que trabaja en una compañía legal en Montreal. Ambos se conocen desde pequeños y sin duda son amigos muy cercanos.

Los dos son los protagonistas de Matthias & Maxime (Matthias et Maxime, 2019), escrita y dirigida por Xavier Dolan, un drama que sigue los trayectos vitales de cada uno, teniendo como premisa la inminente partida de Max a Australia, a donde viajará buscando mejores oportunidades. Aunque la película se ocupa de cada uno, hace énfasis en las contradicciones y dudas de Matthias (Gabriel D'Almeida Freitas, en su primer rol en un largometraje), un hombre que no encuentra paz frente a lo que Max la genera. Entre ambos se genera una tensión sexual inocultable que no son capaces de expresar ni verbalizar adecuadamente. Esta película es la descripción de esa tensión.

Preguntas constantes se hacen Matt y Max, pero son sus miradas y sus expresiones corporales las que delatan todo ese mar de emociones y contradicciones internas por la que están pasando. Casi que es una bomba interna que explota y explota, pero que ellos no dejan salir de ojos y boca para afuera: en la película vemos carteles en la calle de “Familias perfectas”, constituidas por una madre, un padre y unos hijos que están felices compartiendo un producto… ¿Es esto lo que ellos quieren para ellos? ¿Un anillo de compromiso es la representación de orgullo de vida, es el fin más importante de la existencia de cada ser humano? ¿Por qué tantas dudas sin respuesta? ¿Por qué siempre aparece el mismo tema que los cuestiona? Familias perfectas por todas partes y Max lo único que ha vivido en casa es una infelicidad desde su infancia, una discriminación y culpabilidad que no comprende por qué le tocó a él, pero que simplemente así fue su suerte o su destino. ¿Dónde está la relación de lo que él vive con lo que la sociedad le está mostrando?

“¡Ve, escóndete! Ya he visto eso muchas veces (…) ¿Estás bien niñita? (…) ¿Mi niña está llorando?” Le dice la madre de Max a él en una de sus constantes discusiones. Aquí, en este punto de la película, ya nos han revelado (a los espectadores) un pasado que parecíamos desconocer, pero que ya lo sospechábamos. Hay heridas y maltratos que no se curan a los treinta o a los cuarenta. Hay recuerdos y vivencias que quedan marcadas en el alma (y en la piel) de quienes no logran superar situaciones familiares. Por eso, simbólicamente, Max tiene una marca indeleble en su rostro.


La palabra “agonía” es la que más me gusta para describir lo que ambos protagonistas experimentan a lo largo de esta narración. Es una sed, una ansiedad, unas ganas de dejar todo tirado y lanzarse a los brazos de alguien prohibido. Y esto último ocurre en la película en un momento febril, pero en realidad Matthias & Maxime es la historia de un hallazgo sorpresivo y de la incapacidad de enfrentarse a él. Hay más restricción que desenfreno en este filme, que habla mucho de la madurez artística de su director.

Me sigue sorprendiendo y conmoviendo la facilidad con la que Xavier Dolan se desenvuelve como director, guionista y actor protagónico al mismo tiempo en sus propias obras. Su sensibilidad como ser humano, artista y cineasta quedan plasmadas en sus creaciones en las que siempre son la expresión de sus inquietudes, de sus preguntas sin resolver, de sus dualidades. Siempre existe un mensaje detrás de su capacidad, además, por caracterizarse de tener un estilo de montaje en sus películas particular y muy propio de él. No es solo lo que vemos a través de su cine, es lo que sentimos. Yo, al terminar de ver Matthias & Maxime necesité tiempo para reposar esa cantidad de emociones que sentía que se me habían despertado por dentro. Otra vez lo logró.

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©Ingrid Úsuga

Crítica de cine y nadadora artística profesional

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