• Ingrid Usuga

El significado del amor: Natalie Wood: Aquello que persiste, de Laurent Bouzereau


El significado del amor

No soy de la generación que presenció un estreno de cine en el que Natalie Wood actuara. No me tocó ver películas suyas proyectadas en 35mm, no tuve la oportunidad de sentarme en un teatro y escuchar cómo sonaban los celuloides girando en un proyector al rodar la cinta; pero, indudablemente, quedé cautivada al ver Natalie Wood: Aquello que persiste (Natalie Wood: What Remains Behind, 2020) de Laurent Bouzereau, un documental biográfico sobre esta bella y talentosa intérprete norteamericana que falleció trágicamente en 1981, apenas a los 43 años de edad.

Fue tan inspirador, conmovedor y sensible, que no dudé un segundo en ir más allá de lo que vi en el documental. Necesitaba ver a Natalie Wood actuando, tenía que conocer y sentir más de cerca su cine y los personajes que representó. Cuando la vi actuando en Rebelde sin causa (Rebel Without a Cause, 1955), especialmente, quedé admirada viendo su rostro tan joven, pero me reafirmó lo que me habían visto en el documental: que ella era la representación perfecta de lo que significa la fuerza, el poder, la belleza, la seguridad, la delicadeza y la armonía… todas, reunidas en una misma mujer. Además, porque justo este papel, era su prueba de fuego para elegir los personajes que ella quería representar, más no los que el estudio le impusiera. Creo que eso fue lo que más fortaleza le dio al identificarse con este papel, el saber que, a pesar de ser un reto y una propuesta diferente, era algo que ella quería interpretar visceralmente.

Natalie Wood debutó en el cine a los 5 años y su primera actuación fue en Tomorrow Is Forever (1946), junto a Orson Welles, siendo una niña, demostró toda esa fuerza que su voz y actitud podían tener actuando con adultos alrededor, y que se sentía tan capaz como ellos... Como esos que llevaban su vida entera actuando, y ella, a pesar de su poca experiencia, se dejó llevar solo por su intuición y por la voluntad –también- de sostener (y proteger) a su familia, como nos mostrarán más adelante en el documental.


Antes de cumplir 30 años Natalie Wood ya había sido nominada tres veces al premio Óscar por sus papeles en Rebelde sin causa, Esplendor en la hierba (Splendor in the Grass, 1961) y Desliz de una noche (Love with the Proper Stranger, 1963), y exigió –y consiguió- condiciones laborales similares a las de los actores masculinos, incluyendo control sobre los roles que se le ofrecían. Es más, con Bob & Carol & Ted & Alice (1969), decidió arriesgar su salario por un porcentaje de las ganancias del filme: en tres años ganó por eso más de cinco millones de dólares. Ella era esa “aguja en el pajar”, que podía darse el lujo de ser escuchada, de ser tratada como eran tratados los hombres actores. Ella era esa voz femenina firme y tenaz, una de las pocas afortunadas para ese entonces…

Ahora bien, hablemos del documental, estamos con dos hermanas adultas, sentadas en un sofá junto con la pequeña hija de una de ellas, un video beam proyectando imágenes y fotos de la célebre madre de ambas mujeres, una actriz de cine: Natalie Wood. La luz del proyector al dar contra ese telón, nos revela las películas de Hollywood en las que ella participó, y que fueron para mí también, así como para esa niña pequeña, el primer acercamiento a ese cine desconocido: entre curioso, tímido y mágico. Pude notar su sensibilidad, su belleza, pero también de su fragilidad.


En esas imágenes, la actriz comparte escenarios con James Dean, con Warren Beatty, con Robert Wagner… ahí está en West Side Story, y también en Inside Daisy Clover… De hecho, la niña que mira las películas de esa abuela que nunca conoció se llama Clover (trébol), pero no como homenaje a ese filme, sino como símbolo de fortuna, de buena suerte. La misma que para todas ellas representó ser parte de la misma vida y sangre de esa extraordinaria mujer. “Natalie Wood está en la categoría de Marilyn Monroe y Elvis Presley. Eran grandes íconos y la forma como murieron siempre será discutida. Pero Natalie no es un titular de prensa. Vivió una vida plena. Fue acortada, pero hizo muchas cosas en esa vida. Por sus hijas, por sus amistades, por el cine. ¡Marcó una diferencia!”, dice la actriz Jill St. John en el documental.

Ahora bien, ¿por qué se hace casi 40 años después de su muerte? ¿Existe en este documental un interés más urgente que el contar por qué ella fue una estrella? Sí, lo existe. El interés es aclarar que Natalie no fue asesinada por su esposo Robert J. Wagner. Advirtamos en este punto que el filme no pretende nunca ser una visión objetiva de la vida de esta actriz, pues fue coproducido y presentado por su hija mayor -también actriz- Natasha Gregson Wagner. Ella es quien nos conduce por la vida de su madre y es la anfitriona de varias de las entrevistas que aparecen en el filme, y claramente, la más importante de ellas, es la que le hace a su padrastro, Robert J. Wagner, el dos veces esposo de Natalie Wood.


Sobre las confusas causas de la muerte de su madre, Natasha apoya completa e incondicionalmente a su padrastro, a ese hombre en el que siempre han caído dudas y especulaciones sobre su responsabilidad, así sea indirecta, en el fallecimiento de Natalie. Natasha desmiente, Natasha se pone de su lado. Está hablando y afirmando con la voz de una hija, esa que sabe más y que vivió de cerca la verdad. Esa que no puede compararse con la obsesión de una farándula obsesionada en abrir una herida que no le pertenece, solo por sacar un provecho superficial para rating o dinero.

Ahora, a sus 90 años, Wagner se conserva físicamente intacto y mostrando una enorme lucidez, pero eso no fue lo más impactante. Lo más sorprendente, fue ese brillo en sus ojos, esa voz quebrada por culpa de una garganta recargada de sentimientos, palabras sin decir y un amor tan desbordante, que se sale de la pantalla en la que vemos el documental. Lo sentimos, sentimos ese amor infinito que él -después de tantos años- aún tiene por dentro. “Creo que no ha pasado un día de mi vida, en el que no haya pensado en Natalie” dice Wagner, y nosotros le creemos. Le creemos a esa voz que al solo mencionarla nos hace retorcer, ¿cómo no creerle? ¿Cómo no sentirlo tan honesto? ¿Cómo no creer en el amor eterno después de presenciar esto? Solo Wagner supo cuánto la amó y nosotros, solo podremos presenciarlo desde afuera, desde un lugar ajeno al universo de ellos. Y que siempre ese universo será solo de ellos.


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©Ingrid Úsuga

Crítica de cine y nadadora artística profesional

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