• Ingrid Usuga

Casa, es donde duele: Solo el fin del mundo, de Xavier Dolan

Actualizado: 5 de jun de 2018

Casa, es donde duele


“Existen una cantidad de motivaciones que no son asunto de nadie, que te obligan a irte, sin mirar atrás. Y existen la misma cantidad de motivaciones que te obligan a regresar…”

-Louis, Solo el fin del Mundo

A sus escasos 28 años, Sólo el fin del mundo (Juste la fin du monde, 2016) es ya el sexto largometraje del director, actor, productor y guionista canadiense Xavier Dolan, quien desde sus inicios como cineasta ha contado historias que podrían considerarse perturbadoras tales como Yo maté a mi madre (J'ai tué ma mère, 2009), Laurence de todos modos (Laurence Anyways, 2012) o Mommy (2014). Solo el fin del mundo ganó en el Festival de Cannes el Gran Premio del Jurado. En esta oportunidad contó con un sensacional elenco integrado por Gaspard Ulliel, Marion Cotillard, Léa Seydoux, Vincent Cassel y Nathalie Baye.

Sólo el fin del mundo se basa en la obra de teatro homónima del director y actor Jean-Luc Lagarce, víctima del Sida en 1995. En ella, se narra el porqué del regreso de Louis (Gaspard Ulliel) a su casa después de doce años de ausencia: el motivo, va a morir. Al encontrarse con sus familiares, vuelven a despertarse emociones mayoritariamente negativas de su pasado debido a que fueron ellos -según Louis- quienes nunca aceptaron su homosexualidad, razón por la que le es casi utópico esperar poder lograr alguna empatía.

Debido a que el director prioriza los primeros planos, los sentimientos en el espectador van creciendo exponencialmente a medida que avanza la narración, recreándose un ambiente que trasmite claustrofobia y asfixia, y que es herencia del origen teatral del filme.


Para Louis, su “hogar” realmente es el infierno, no lo considera un templo de cuidado, un nido, como se supondría debería ser. Louis, entonces, permanece siempre callado. De eso se trata, de observar, de analizar estratégicamente cuándo es el mejor momento de hacer su confesión. Él decide qué escuchar y qué no. Siempre, sin darse cuenta de que todas esas voces y lloriqueos de su “familia” esconden un motivo: tener un lugar especial en Louis, entrar en su ser. Ellos –pienso- permanecen inconscientemente dispuestos para escucharlo, se lo piden -literalmente- a gritos.

Su madre, su hermano y su hermana todo el tiempo provocan un ambiente de intimidación, en el que solo escucha reproches y, en cambio, solo halla -a veces- aliento en la ingenua tranquilidad que su cuñada le trasmite. Algunas veces, los humanos tenemos la errónea creencia de que el que calla sabe escuchar… pero no siempre es así, Louis en este caso, lo hacía para que no lo importunaran, porque quería permanecer ausente, distante. Solo los evadía.

Después de llevar unas horas de regreso, Louis toma partido de la situación: debe ser justo con la vida; pareciera que sintiera la necesidad de pedir perdón, como si el peso de su indiferencia lo percatara de ser deudor. Al fin, cuando decide hacer su confesión, todos por un momento permanecen atentos, dando la impresión instantánea de que lo quieren, lo esperan, lo anhelan. Pero todo se derrumba de nuevo y su madre decepcionada le dice: "La próxima vez estaremos mejor preparados"... Pero, ¿para quién? Porque Louis nunca quiso estar ni volverá…


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Publicado en la versión web de la revista Kinetoscopio No 117 (2017)

Disponible online en:

http://www.kinetoscopio.com/index.php?option=com_content&view=article&id=396:solo-el-fin-del-mundo-2016&catid=4:en-primer-plano

©Centro Colombo Americano de Medellín, 2017

©Ingrid Úsuga

Crítica de cine y nadadora artística profesional

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