• Ingrid Usuga

Tanto por decir, que la risa es la única capaz de gritar: Guasón, de Todd Phillips

Actualizado: 13 de oct de 2019


Tanto por decir, que la risa es la única capaz de gritar


“La peor parte de tener una enfermedad mental, es que la gente espera que te comportes como si no la tuvieras”

-Arthur, en Guasón


Sentarnos en la sala de cine y esperar a ver en la película cómo un héroe con súper poderes destruye al antagonista y sale victorioso, podría ser lo más lógico que los espectadores y fanáticos esperaríamos que sucediera en un filme detrás del cual está DC Cómics. Pero no, de eso no se trata Guasón (Joker, 2019). Esta obra es mucho más profunda que lo que implica presenciar encuentros y guerras entre personajes heroicos –el bien contra el mal- en donde sus objetivos son superiores a sus sentimientos. A esos sentimientos y pensamientos pocas veces logramos acceder, si es que acaso nos importan, pues lo que buscamos ver en pantalla es una acción catártica donde al final sea ganador nuestro héroe.


Arthur Fleck (fenomenal Joaquín Phoenix) es el Guasón, pero más allá de ser ese “símbolo malvado” lo que nos muestran en pantalla es a un hombre real y enfermo (psicópata) y, además, con una manifestación especial por afecto pseudobulbar, que le provoca episodios de risas histéricas incontrolables, que generalmente no aparecen en momentos felices o graciosos, sino en tiempos de alto impacto, dolor y angustia. Arthur trabaja como payaso en un hospital infantil, entregándole risas a quienes están más expuestos y frágiles, además, trabaja en una tienda en la que solo debe atraer en la calle a clientes con un cartel y su disfraz… pero todos sus empleos los pierde, ya sea porque lo asaltaron y golpearon inexplicablemente o porque un compañero malintencionado causara un malentendido…


Pareciera que este pobre ser desgraciado no tuviera la oportunidad de encontrar la suerte en un pequeño acto de nobleza social. “Feliz” (Happy), así es como le dice su madre, quien creía que su objetivo de vida debía ser transmitir esa alegría, pero realmente nunca estuvo feliz, su risa era la excusa inconsciente para ser lo que no era y que nunca fue. Esta es la ironía de la vida, pero sobre todo la que le tocó vivir a Arthur.

Creo que tenemos el privilegio de explorar -por fin- el interior de un “antihéroe”, aquí no existe un Batman que lo opaque, aquí todo el tiempo él es el protagonista. Aquí la sociedad es quien lo denigra y lo rechaza sin necesidad de utilizar superpoderes, solo con el egoísmo y el olvido lo marchitan aún más de lo que su enfermedad ya ha provocado en él. Aquí es la realidad quien causa su infelicidad; nosotros como espectadores somo quienes elegimos ponerlo en el lugar de narcisista homicida o de víctima social, cualquiera de las dos podría funcionar y cualquiera de las dos es.


Arriesgarse a hacer una propuesta en el que se desnuda el interior de una persona, este me parece el acto más heroico. No nos mostraron todo el tiempo al Guasón caricaturizado -al que quizá queríamos encontrar para juzgar o simplemente para entretenernos- pues no. A ese lo presentaron en ocasiones, después de habernos expuesto una cantidad de motivos y argumentos que nos hicieron entender a la persona escondida detrás de una máscara y que se convirtió en un personaje, en un símbolo social sin ni siquiera quererlo o buscarlo. Ya no es un juego a ser el malo y querer ganar las batallas, no. Lo valioso de esta película está en el exponernos los porqués de alguien que está ahogado en el miedo, en su dolor, en el sufrimiento y en su autocompasión. Además, en razonar que no se es malo por elección, pero quedarse en la maldad es la demostración de lo que causa una sociedad como Ciudad Gótica (y como muchas en la vida real), en una persona que dejan desprotegida.

A Arthur nos lo entregan en dos presentaciones, en el de la realidad y en el de sus alucinaciones, no diferenciamos ambas hasta que llevamos mucho tiempo siguiendo su historia. No sabemos nunca cuál es más difícil de enfrentar de las dos, si la que él se crea o la que le toca, pero, al fin y al cabo, ¿con qué mensaje nos queremos quedar? ¿qué quieren decirnos o hacernos ver con una película así? ¿cómo quieren que reaccionemos? ¿A quién queremos juzgar?... A un hombre que nunca pudo superarse con tan si quiera una mínima posibilidad de escapatoria; o a su enfermedad que parece tener todo el poder sobre él; o a la sociedad que no le importa en lo mínimo comprenderlo o ayudarlo…


Estas son las consecuencias de una catarsis en la que no existen los arrepentimientos, pues la culpable de esta situación fue la sociedad al ignorarlo, al transmitirle apatía y desdén hacia su enfermedad y hacia personas como él. Ningún argumento justificará remordimiento alguno para quienes se transforman en monstruosos "Jokers" de una sociedad tan inhumana y despectiva. Ya, en este punto, no existe “educación” o “ley” que pueda corregir a un ser asfixiado en tanto dolor y súplicas, ya lo único que queda por ver es como nos destrozamos hasta que no quede nada de nosotros... Lo invito a que saque usted mismo sus propias conclusiones al ver la película.


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©Ingrid Úsuga

Crítica de cine y nadadora artística profesional

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