• Ingrid Usuga

Selva anónima: Monos, de Alejandro Landes.

Actualizado: 27 de ago de 2019

Selva anónima


Dejarse sorprender, dejarse llevar al ritmo de los sonidos que escuchamos, el agua de los ríos que choca con las piedras a toda velocidad, las hojas de los árboles, los pájaros que vuelan, los zancudos, las abejas, el cielo que vemos, la noche, las estrellas, el fuego… la música. Todo, absolutamente, se presta para ser un estímulo, para causarte sensaciones en el cuerpo. Al ver esta película en pantalla grande, podrán comprobar lo sensorial que es.


Monos (2019) es dirigida por Alejandro Landes, y contó con un gran equipo de producción, que se nota en la elección de las increíbles locaciones, de los actores y del equipo técnico. Esta película describe la vida de ocho jóvenes armados que viven en una montaña colombiana, que se encargan de vigilar una vaca lechera llamada Shakira (este nombre pareciera ser con intención de dar una connotación graciosa para la narración) y a una secuestrada estadounidense.

La película técnicamente está muy bien lograda, la fotografía a manos de Jasper Wolf nos permite ver no solo los paisajes -que ya de por sí tienen un impacto visual- sino además, mostrarnos a los personajes desde perspectivas inusuales, que a la vez los aíslan y los hacen parte del entorno; además, la música y el montaje, estos sí que juegan un rol especial y contundente aquí, casi que podría afirmar que es lo que más valor le da a la película, una música demasiado vísceral, que combina los sonidos naturales, causando sensaciones de suspenso y “erizadas de piel”.


No entiendo cómo la participación de la actriz estadounidense Julianne Nicholson no se muestra en la promoción de la película. Su belleza, su profesionalismo que nos deja paralizados, impávidos y seducidos por su encanto, hacen notar que es la única actriz profesional en este filme. Ella sola es capaz de capturar toda una escena, de transmitirnos absolutamente sus emociones de angustia, soledad y terror por estar secuestrada y buscar soluciones para liberarse. Es como si cuando la pantalla solo la mostrara a ella, el resto de los personajes dejara de importar, ni siquiera los paisajes, es como si adornaran su grandeza. Aplausos para ella.

Existe un desbalance entre forma y fondo en Monos, ya que a pesar de que a nivel técnico tenga una calidad tan enorme, la narración no está a la misma altura en cuanto al desarrollo de los personajes y los obstáculos que se les ponen a estos para superarse o evolucionar al final. Nunca supimos los verdaderos anhelos de los personajes, solo vimos una globalidad de impulsos de personas, seres o “monos” que actuaban en respuesta del ambiente en el que se encontraban. El espectador deberá atar por sí solo los cabos de una narrativa abierta poco concluyente. Al final solo entenderemos que quizá no debe existir un final, pues esta es la descripción de una vida casi “animal” construida a partir de las actitudes y adaptaciones del humano en la selva, en donde sus comportamientos no serán nunca los mismos a los de nosotros, que sentirán, pensarán y actuarán distintos a nosotros. Es su mundo, es su ley.


Me recuerdan apartes del final de la novela El señor de las moscas, de William Golding:


“El oficial hizo un gesto con la cabeza, como si hubiese recibido una respuesta.

—¿Hay algún adulto..., hay gente mayor entre vosotros?

Ralph sacudió la cabeza en silencio y se volvió. Un semicírculo de niños con cuerpos

pintarrajeados de barro y palos en las manos se había detenido en la playa sin hacer el

menor ruido.

—Conque jugando, ¿eh? —dijo el oficial.


Jugaban, sí, a la guerra.


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©Ingrid Úsuga

Crítica de cine y nadadora artística profesional

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