• Ingrid Usuga

Perversión terrenal: La apariencia de las cosas, .de Shari Springer Berman y Robert Pulcini


Perversión terrenal



“Puedo afirmar lo siguiente: las cosas que están en el cielo son más reales que las que están en el mundo”.

-Emanuel Swedenborg

La apariencia de las cosas (Things Heard & Seen, 2021) es una película estadounidense de terror, combinada con thriller y espiritualidad, dirigida por Shari Springer Berman y Robert Pulcini para Netflix. Además, es una adaptación de la novela de 2016 de Elizabeth Brundage, "Todas las cosas cesan de aparecer". Catherine (interpretada por Amanda Seyfried) es una restauradora de arte y su esposo George (James Norton) es un profesor de arte. Ambos, aparentan ser la pareja perfecta. Él consigue un trabajo en una pequeña universidad privada en el Valle de Hudson, así que deciden irse a vivir allí con su pequeña hija Franny en una gran mansión antigua.


Pero, esta “impecable” familia ante los amigos y conocidos, en realidad es una fachada. Catherine es una persona muy católica y llena de miedos que constantemente está tratando de entender en un mundo espiritual que ella encuentra desconcertante; unido con la desconfianza que tiene hacia su esposo, ya que él le da a entender de muchas maneras que son falsas las “energías negativas” que está sintiendo en su nuevo hogar. George, además, es un hombre ambicioso, escondido detrás de una máscara de hombre intelectual, pero que esconde muchas mentiras y deseos reprimidos que lo están ahogando.

Pequeños acertijos y obstáculos aparecen durante todo el filme para lograr mayor nivel de tensión en los espectadores curiosos por saber qué es lo que pasa. Sin embargo, muchas situaciones se quedan solo en el entretenimiento de unir todas las fichas faltantes del pasado trágico de muchas generaciones que vivieron allí. El hilo conductor de esta historia es la casa. Pareciera como si este lugar fuera solo la excusa para sacar a la superficie las verdades de cada personaje y llevarlos al conflicto por sus diferencias de intereses matrimoniales y personales. Pero en realidad, es que ese sitio está “embrujado” y habitado por espíritus que necesitan decirle algo a Catherine. “Todo en el mundo natural tiene su contraparte en el mundo espiritual” dice uno de los personajes. La muerte es solo el comienzo, y por eso, ella termina siendo el objetivo de esas almas en pena, solo se pueden comunicar con el mundo real a través de ella.

Lo que “asusta” realmente de esta película no es ese terror tibio representado con fantasmas que parecen de parodias de películas de terror; o en las luces que se prenden y se apagan varias veces; o en los pañuelos que vuelan haciendo alboroto en el lugar. No, estas situaciones sorpresa no nos generan algún impacto fuerte -está bien, el filme está adaptado a los años ochenta, pero nosotros somos un público del 2021 que no se deja engañar fácilmente-. El pavor innegable es el de la desolación que vive Catherine al ver en su esposo la verdadera maldad y codicia; esto es más fuerte que cualquier adorno fantasmal. Nunca será más tenebroso un ser humano que tortura a otro, nunca habrá más miedo que convivir con el enemigo convertido en monstruo, nunca se estará a salvo cuando es la vida real la que te quita la paz. Cualquier tipo de creación ficticia se queda diminuta a la hora de compararlo con la perversidad terrenal… pero, aún hay esperanza: "El Bien siempre vence. Si no es en este mundo, será en el siguiente" dice uno de los personajes.


Les comparto el tráiler:


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©Ingrid Úsuga


Crítica de cine y nadadora artística profesional

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