• Ingrid Usuga

Odio y Amor: Malcolm & Marie, de Sam Levinson

Odio y Amor

Malcom & Marie (2021) es un drama romántico escrito y dirigido por Sam Levinson, el creador de la exitosa serie de televisión de HBO, Euphoria. Levinson escribió el guion de esta película –su tercer largometraje- mientras se detuvo el rodaje de la segunda temporada de la serie, debido a la pandemia de coronavirus.


Los actores Zendaya (protagonista de Euphoria) y John David Washington son quienes dan vida a Malcolm & Marie, que en la película son una pareja. Él es un director de cine que acaba de estrenar su última película, ella dejó de lado su carrera como actriz, pero siente que su vida inspiró el filme de Malcolm. Esta historia se centra en la discusión que tienen al regresar a casa, luego de que Malcolm presentara públicamente su película y olvidara agradecerle a ella en su discurso. Lo que vemos y sentimos a partir de ese detonante no podría llamársele solo un “capricho” por parte de Marie: lo que se desencadena es una catarata de reproches y argumentos que ambos tenían reprimidos y que surgen de inconformidades no expresadas hacia el otro. Aquí, en una sola locación, con un rodaje en 35mm a blanco y negro, vemos cómo no necesitamos de más “adornos” ni personajes adicionales en pantalla para recrear todo un universo narrativo a través de diálogos entre ellos dos, que por momentos parecen más monólogos. Este espacio -su espacio- se vuelve también el de nosotros.

Ellos dos son como una especie de héroes y antihéroes a la vez. Sus roles son tan poderosos, que por muchos instantes dudamos de qué lado estar, a quién apoyar en esta guerra, un campo minado que no queremos -ni podemos- atravesar, solo observar desde la distancia. A veces, tanta tensión en su discusión nos puede agobiar, pero luego nos sensibiliza hacia alguno de ellos; posteriormente, culpamos al otro, después nos da risa, rabia, repudio, hasta que, finalmente, solo queremos ver si son capaces de superar su conflicto. Es increíble lo visceral e íntima que es esta obra, que nos pone a reflexionar, que nos hace admirar y odiar todo mientras ellos aparecen en pantalla.


Esta película va más allá de lo caprichoso, victimista o narcisista. Es contar cómo el amor es capaz de odiar, pero a su vez capaz de entender al otro y de no soltarlo por más que duela - por más que nos quiebre por dentro-. El amor por el otro… ¿Es acaso ese que lo justifica todo? Ese que abraza los errores del otro para hacerlos parte de uno mismo, ¿debería ser así? ¿el amor debe cargar con lo que nos hiere del otro? ¿O debería ser una comunión entre dos almas que aceptan que el otro no es perfecto, pero que sabemos que está, y que estará a pesar de todo?

Levinson dejó de lado las experiencias positivas de la pareja –las que la unió- para centrarse en los reproches largamente acumulados que los llenaron de sentimientos negativos. Hay mucha franqueza y también solidaridad en esos momentos. Se nota que el amor que sentían se ha transformado a través de los años y que, paradójicamente, los ha unido más.


Asimismo, quiero resaltar el valor que tiene la película como crítica, que pone bajo la lupa a los críticos de cine con argumentos bien claros. Creo, que después de verla, ningún escritor será capaz de poner la palabra “auténtico” en alguna de sus reseñas posteriores. Ya lo entenderán cuando vean el filme.

Aunque Malcom & Marie podría funcionar muy bien como una obra de teatro, Levinson ha hecho un esfuerzo por darle un ritmo cinematográfico, por ejemplo, la elección de un plano secuencia en el que la cámara va y viene a un ritmo y se detiene por momentos en alguna de las expresiones de ellos para resaltar sus diálogos o sus silencios; o en esos primeros planos cerrados que se enfocan solo en el rostro o en una pequeña acción, una lágrima, una sonrisa, un beso. Sin duda no es teatro filmado, es cine.


En un momento dado, Malcolm afirma, -“¿Qué impulsa a un cineasta? ¿A un artista? El cine no tiene que tener un maldito mensaje. Tiene que tener corazón y electricidad”. Y tiene toda la razón, todo lo que sea honesto es más poderoso. El amor cuando revela lo que siente, a pesar de que duela, une más. El cine que habla desde lo humano sin egocentrismos ni el afán por el éxito, conmueve más, trasciende más.


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©Ingrid Úsuga

Crítica de cine y nadadora artística profesional

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