• Ingrid Usuga

El motor del corazón: Polina, de Valérie Müller y Angelin Preljocaj

El motor del corazón


“Yo no quiero ver a una linda bailarina; yo quiero ver a Polina bailando”.

-Liria Elsaj


“Estoy cansada de hacer la coreografía de los demás, yo quiero aprender a ver el mundo” decía Polina en algún momento del filme. Bailar para ella, sentir la música, expresarse, improvisar, vivir, soñar… Polina es una joven que desde pequeña ha practicado ballet clásico. Hoy está a punto de entrar en la apetecida compañía de ballet Bolshoi de Moscú, pero se enfrenta a una dualidad interna en la que se da cuenta que sus sueños están en otro lugar, que sus pasiones son otras; por lo tanto debe elegir si quedarse allí, estancada o moverse hacia lo contemporáneo, hacia lo expresivo, hacia su propia verdad.

Ahora ya no se trata de buscar la perfección, de encajar, de ser linda; se trata de mostrarse, ser agresiva, pasional, espontánea, alegre, exagerada y real… ser fiel a sí misma sin temor. Sus maestros le enseñaron a moverse en un escenario, ahora Polina aprenderá a desenvolverse en la vida, siendo sincera consigo en cada instante.

“Confía en mí” es la frase contundente que Polina le hace a su madre al contarle la decisión que ha tomado frente a su nuevo rumbo. Los codirectores Valérie Müller y Angelin Preljocaj le muestran al espectador la sensibilidad del artista, de sentir cada movimiento, cada paso, de la importancia de escuchar la música, de escuchar al compañero de baile y de escucharse; el camino mostrará si la decisión de ella fue la correcta.

Dentro de este filme no existe una única protagonista. El baile y la música cumplen roles de igual importancia, ya que sin uno de ellos la historia sería otra. La música, los personajes y el baile van en perfecta sincronía, lo que se ve reflejado en la pasión que emanan sus ojos, o su rabia, sus debilidades y sus fortalezas. Quizá el ballet clásico dentro de la película se muestra como inapetente o soso, mientras que el baile contemporáneo toma toda la fuerza demostrándose en la pasión de todos los personajes, pero no olvidemos que Angelin Preljocaj es un bailarín y coreógrafo contemporáneo.



La improvisación será la magia del filme. Los impulsos y las sensaciones reales son los únicos que le mostrarán la verdad a Polina. El único motor con el que dejará fluir su pasión por el baile será en el que exprese todo su ser, no un baile en el que esté rígida a mostrar lo bonito o a lo clásico.

La película no se detiene a demostrar lo bueno o lo malo, lo correcto o lo incorrecto. Las actitudes de los personajes frente a la música y frente a sus emociones es lo que mantienen el interés del espectador a tope; alcanzando el clímax en la última coreografía exhibida, digno reflejo de gran cantidad de vivencias, de temores, de frustraciones, pero al final el camino le demostrará a Polina que su decisión fue la correcta, siempre y cuando haya sido fiel a sí misma, sin importar lo que digan los demás, a pesar de parecer egoísta.


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Polina

©Ingrid Úsuga

Crítica de cine y nadadora artística profesional

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